Eduardo Abaroa analiza los aspectos efímeros de la cultura, la historia y el tejido sociopolítico de la sociedad. Su obra reinterpreta obras icónicas y símbolos culturales, con el objetivo de desmontar los conceptos de monumentalidad y modernidad. Situada en la encrucijada entre la escultura, la instalación y la performance, su práctica se caracteriza por una inmediatez que la aleja de las pretensiones que a menudo se asocian con la expresión artística. Sus obras eluden las asociaciones con las «bellas artes» tradicionales al emplear materiales cotidianos que se encuentran en los mercados y las calles de la Ciudad de México: desde baños portátiles, lonas y escombros de edificios demolidos hasta bastoncillos de algodón, pajitas, bisutería y botellas de plástico.De carácter específico para cada emplazamiento, los proyectos de Abaroa pretenden socavar la autoridad de las instituciones culturales —como el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México—, así como las narrativas oficiales y las ideologías ultranacionalistas que estas promueven. Al yuxtaponer diversas tradiciones ideológicas, estéticas y culturales, el artista ofrece una perspectiva incisiva que critica las estructuras económicas y sociales que rigen nuestra sociedad.
La pieza sonora de Eduardo Abaroa, presentada en el marco de su residencia en el Hotel El Ganzo, se desarrolla como un cautivador bucle de audio que se reproduce de forma continua en la azotea del hotel. Se trata de una de las primeras instalaciones de arte sonoro que acoge el hotel, lo que supone un paso significativo en su apuesta por la expresión artística multidisciplinar.Este entorno sonoro inmersivo difumina los límites entre el espacio y el sonido, invitando a huéspedes y visitantes a experimentar una presencia auditiva sostenida que resuena a la vez con familiaridad e inquietud. La naturaleza repetitiva del bucle crea un ritmo hipnótico, transformando el hotel en un paisaje sonoro contemplativo: una oportunidad única para que el sonido se convierta en arquitectura, memoria y atmósfera, todo a la vez. Enriquece la experiencia de los huéspedes, dejando claro que el hotel no es solo un lugar donde alojarse, sino también un espacio de participación creativa. En esencia, la pieza sonora en bucle de Abaroa eleva a El Ganzo de una perspectiva visual a un escenario experiencial, forjando un diálogo poético entre el arte, la arquitectura y el público, y reafirmando el compromiso del hotel con el sonido como forma pionera de interacción artística.