Jonathan Hernández plasma en fotografía, vídeo y collage las narrativas olvidadas y poco conocidas
de la vida cotidiana urbana.
A Hernández le fascina la respuesta humana al exceso de imágenes
de la vida moderna, apropiándose de ellas y obligando a reconsiderarlas, ya que
son tan omnipresentes que los espectadores han dejado de procesar o interiorizar su
contenido. Es conocido sobre todo por sus collages de imágenes extraídas de
periódicos, postales y anuncios, en los que oculta los
nombres y los lugares para obligar a los espectadores a desarrollar sus propios esquemas de
significado y contexto.
La obra de Jonathan Hernández tiene humor, ironía, le interesa desacralizar símbolos de poder, mostrar contradicciones, parodiar estructuras sociales, revelar lo absurdo o lo negligido o lo oculto en lo cotidiano. No tiene miedo de ser incómodo, revela lo vergonzante, lo absurdo, lo que muchas veces ignoramos. Esa irreverencia lo hace «impertinente» en el sentido de que cuestiona. En el hotel, Jonathan llenó una bolsa de plástico con pantuflas del Ganzo y, con el uso de cuerdas, las subió desde la planta baja hasta el piso de arriba creando una escultura temporal. También realizó intervenciones en la habitación donde se hospedó.