La obra de Ale de la Puente aborda las nociones de tiempo-espacio y memoria a través de una construcción continua de relaciones poéticas entre las experiencias que nos brindan el espacio y el tiempo, desde un enfoque que abarca desde lo tecnológico y lo científico hasta lo filosófico y lo lingüístico. La formación multidisciplinar de De la Puente (artista con estudios en Diseño Industrial, orfebrería y construcción naval) y su interés por los conceptos de tiempo y espacio la han llevado a colaborar con diversos científicos en distintos campos, desde el hipnotismo, la astronomía y la física nuclear hasta la meteorología y las matemáticas. Ha colaborado con instituciones como el Instituto Nacional de Astronomía y el Instituto Nacional de Ciencias Nucleares de la UNAM. Ha sido galardonada con una Mención de Honor en Collide@CERN 2013, ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores (FONCA) y ha recibido en dos ocasiones la Beca para Jóvenes Creadores, ambas concedidas por el Consejo Nacional de Fondos para las Artes. Beca de la Fundación Pollock-Krasner. Ha expuesto su obra a nivel nacional e internacional. Emilio Hinojosa Carrión estudió en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú bajo la tutela de Constantin Batashov y Nicolai Grigorov. Su obra abarca los campos de la música coral y de cámara, la instalación, la experimentación sonora y el documental. También ha creado obras en colaboración con artistas visuales como Ale de la Puente.
Ale de la Puente y Emilio Hinojosa Carrión trabajaron en un proyecto titulado «5 de abril de 15 232: Antes de mañana», inspirado en un fenómeno astronómico muy poco frecuente que consiste en la coincidencia de un eclipse solar con un tránsito de Venus, previsto para el 5 de abril de 15 232, y que sería observable desde Baja California, entre otros lugares del planeta.Uno de los pilares de este proyecto es la observación del cielo; Ale y Emilio trabajaron durante un par de meses con varios colegios de la zona para que las niñas y los niños elaboraran diarios de observación del cielo (con el objetivo de que comprendieran la relación entre los movimientos de las estrellas y las estaciones, los cultivos, las mareas, etc.). La información de estos diarios (las observaciones de los niños) fue luego «traducida» a música por Emilio, y el resultado final se presentó el 22 de marzo en la Plaza Mijares (una actuación-concierto en colaboración con el Ministerio de Cultura) en la que participaron los niños que habían estado trabajando en los diarios durante meses.
Como parte de su residencia, Ale de la Puente y Emilio Hinojosa desarrollaron un proyecto comunitario a largo plazo que invitaba a los niños de la zona a volver a conectar con una de las fuentes de conocimiento más antiguas de la humanidad: el cielo. En colaboración con varias escuelas de la región a lo largo de varios meses, los artistas guiaron a los alumnos en la creación de diarios de observación del cielo, animándoles a registrar los movimientos de las estrellas, las constelaciones y los fenómenos celestes, al tiempo que reflexionaban sobre su relación con los ciclos estacionales, las mareas, la agricultura y los ritmos naturales que dan forma a la vida en la Tierra. A través de este proceso, los participantes se convirtieron en observadores activos de su entorno, desarrollando una conciencia más profunda de las conexiones entre la naturaleza, el tiempo y la experiencia humana. Las observaciones recopiladas en los diarios de los niños se convirtieron en la base de la segunda fase del proyecto, en la que el compositor Emilio Hinojosa tradujo sus registros en una composición musical colectiva. El proyecto culminó con un concierto público celebrado en la Plaza Mijares, en colaboración con el Ministerio de Cultura, en el que los niños que habían participado a lo largo de todo el proceso formaron parte de la presentación final. Al combinar arte, ciencia, música y conciencia medioambiental, la iniciativa transformó la observación en sonido y las experiencias individuales en una expresión cultural compartida. A través de Impact Projects, los artistas y las comunidades se unen para explorar nuevas formas de comprender el mundo que nos rodea. Al fomentar la curiosidad, la participación y el aprendizaje interdisciplinar, estas colaboraciones crean oportunidades significativas para el diálogo, al tiempo que refuerzan nuestra conexión con los ecosistemas naturales y culturales en los que vivimos.