Santiago Merino es un artista plástico mexicano cuya obra se basa en la experimentación constante con las posibilidades de la pintura. Formado en la Escola Massana Centre d'Art i Disseny de Barcelona y en La Esmeralda de Ciudad de México, su obra aúna las tradiciones de la pintura occidental, el legado del arte moderno y contemporáneo, y los lenguajes visuales que surgen de nuestro mundo cada vez más digital. A lo largo de más de veinte series de obras, Merino ha desarrollado técnicas poco convencionales que desafían las herramientas y superficies tradicionales de la pintura. El film transparente industrial, los rotuladores de tinta, los rodillos pequeños, los dispositivos mecánicos y otros materiales cotidianos pasan a formar parte de su vocabulario, permitiendo que la repetición, el gesto, la textura y el azar den forma a la imagen. En lugar de considerar la técnica simplemente como un medio para alcanzar un fin, Merino convierte la experimentación en sí misma en parte de la obra. Su práctica oscila continuamente entre el control y el azar, lo artesanal y lo mecánico, la tradición y la invención, ampliando así las posibilidades de lo que puede ser una pintura y de cómo puede crearse.
Durante su residencia en el Hotel El Ganzo, Santiago Merino continuó con una investigación de larga duración sobre la pintura a través de una serie de experimentos materiales y técnicos que formaron parte del desarrollo de su obra futura. Trabajando con acrílico plateado, Merino exploró gestos puntillistas superpuestos sobre un fondo monocromático expresivo. A lo largo de la superficie, las texturas translúcidas y las sutiles variaciones de la luz crean una imagen que cambia a medida que se va acumulando, de modo que las marcas individuales pasan a formar parte de un campo visual más amplio. Se utilizaron hilos para delimitar la composición, introduciendo así otra capa de estructura en la pintura y creando tensión entre el fondo expresivo y la superficie cuidadosamente construida que se encuentra sobre él. La obra resultante se convirtió en un ejercicio de contrastes: gesto y precisión, opacidad y transparencia, espontaneidad y control. En lugar de llegar a El Ganzo para ejecutar una obra predeterminada, Merino utilizó la residencia como un espacio de investigación. Los experimentos desarrollados aquí formaron parte de un proceso en curso que conducía hacia su futura exposición individual, un recordatorio de que una residencia artística puede consistir tanto en cuestionar, probar y descubrir como en producir algo acabado.