Fundada en la Ciudad de México en 2009, SOMA es una de las principales plataformas independientes de arte contemporáneo de México, dedicada a la investigación artística, el intercambio cultural y la educación crítica. Fundada por un grupo de artistas, comisarios y profesionales de la cultura, SOMA se creó como un espacio en el que se pudiera explorar la práctica creativa a través del diálogo, la experimentación y la reflexión colectiva. En lugar de funcionar como una escuela de arte tradicional o un estudio de producción, SOMA anima a los artistas a cuestionar, replantearse y ampliar sus propios procesos creativos. A través de su programa pedagógico, los participantes entablan conversaciones que trascienden disciplinas y perspectivas, fomentando una comunidad en la que las ideas artísticas evolucionan mediante la colaboración y el pensamiento crítico. A lo largo de los años, SOMA se ha convertido en una fuerza influyente dentro del panorama artístico contemporáneo mexicano, apoyando a generaciones de artistas emergentes al tiempo que contribuye a un debate más amplio sobre el papel del arte en la sociedad. Su compromiso con el proceso por encima del producto y con la comunidad por encima de la competencia se alinea estrechamente con los valores que definen el programa de residencias del Hotel El Ganzo.
IRAK MORALES, KARLA LEYVA, MADELINE JIMÉNEZ, MARCO ESPARZA, NICOLÁS ASTORGA, OLMO CUÑA, SOFÍA GARFÍAS. Durante más de una década, el Hotel El Ganzo ha acogido a generaciones de artistas de SOMA, uno de los principales programas independientes de arte contemporáneo de México, invitándoles a transformar el hotel en un espacio de experimentación, diálogo y creación colectiva.Como parte de sus estudios artísticos, cada grupo llega a El Ganzo no para producir exposiciones acabadas, sino para explorar, cuestionar y dejar huellas de su proceso creativo. Las habitaciones, los pasillos, las ventanas, los techos, las puertas y los detalles arquitectónicos inesperados se convierten en lugares de intervención, donde cada artista aporta un gesto único que forma parte de una obra colectiva más amplia.Algunas intervenciones son visibles de inmediato, mientras que otras solo se revelan mediante una observación atenta: una frase bordada en un cojín como reflexión sobre el turismo de masas; delicados motivos de grafito que se extienden por paredes y techos; redes de líneas dibujadas a mano que evolucionan hacia geometrías inesperadas; una pala blanca de ventilador de techo que casi se funde con el entorno; cuero sintético aplicado a objetos cotidianos para cuestionar su función original; un cartel de «Top Secret» colocado en una puerta en desuso que despierta la curiosidad; o un mapa que imagina a Baja California como una isla independiente a la deriva entre México y Estados Unidos. En lugar de existir como obras de arte aisladas, estas sutiles intervenciones invitan a los huéspedes a reducir el ritmo, prestar atención y experimentar el hotel de otra manera. En conjunto, transforman El Ganzo en un paisaje en constante evolución donde el arte habita silenciosamente la vida cotidiana.A lo largo de diferentes residencias de SOMA, los artistas también han desarrollado instalaciones colaborativas que responden directamente a la historia y al paisaje de Baja California Sur. Tras el huracán Odile, una generación reimaginó los materiales dañados recuperados tras la tormenta, dotando a los objetos desechados de un nuevo significado y una segunda vida dentro del hotel. Otras obras exploraron ideas sobre la memoria a través de frágiles esferas de arena que evocan la imposibilidad de llevar la playa al interior, o reformularon ventanas y aberturas arquitectónicas para fomentar nuevas formas de observar el entorno circundante.Quizá lo más emblemático sean las intervenciones que se encuentran en las habitaciones individuales, donde comunidades artísticas temporales vivieron y trabajaron juntas antes de dejar tras de sí sutiles rastros de su presencia: una fotografía Polaroid, una marca pintada, un número de habitación alterado o un objeto inesperado. Estos gestos permanecen como silenciosos recordatorios de que el Hotel El Ganzo no es simplemente un lugar donde se exhibe el arte, sino un lugar donde este sigue desarrollándose.